martes, 24 de julio de 2012

PRENDIDOS LA MISMA SANGRE


SEXAGÉSIMO SEGUNDO POEMA 





















Ojos templados
los tuyos
la noche
cima del sol dormido
resplandor naciente de mi sonrisa
distensiones a un vértice donde caer
es protegerme
columpio de hojas tímidas
mirada entre abierta
ojos quietos
los míos
sobre la humedad de tu boca.

En esta noche escogida
tu alma se cubre de mi hueso
prendidos la misma sangre
desprendidos siameses a cada arista de la frontera
se teje como un afán belicoso
de romperse las distancias
una afanosa diligencia en quebrar el ojo ciego
de su horizonte desierto
para darse
piel a piel el jugo de sus ganas
mente a mente el pensamiento delicioso
de tomarse al corazón sin la medida.

¡Tú, luz, amor!
en el verso de tus ojos
se despliega el horizonte
como el cóndor que resuelve el aire
se sostiene
como el niño y su cometa
se sostienen
como el rostro y otro rostro
se sostienen
sin piel la piel
en la palma de sus mentes.

María Del Mar Salguero Martínez
Desde Hospitalet Llobregat, Barcelona, España.
marsalma.8@hotmail.com


3 comentarios:

  1. "en el verso de tus ojos
    se despliega el horizonte
    como el cóndor que resuelve el aire..."

    Hermosa visión, quedo complacido de leerte.
    Saludos, María del Mar.

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  2. Qué gusto ver que eres parte de este certamen, María. Me gusta tu poema. Un abrazo!

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  3. Para todos los días

    Nuestro amor desencadena, en un torrente
    de deseos furtivos que se divisa a medias.
    En un aquel incandescente, con mucho brillo,
    que nos quema por dentro con un miedito,
    por si la gente abriera el portón del sentir
    del infinito, sin mentira , sin vergüenza.

    Por lo bello, por rojo y rico cual savia fresca
    de esa que se chupa, como al jugo de las frutas.
    Que al mezclar con tu caldo salado-caliente
    espasmódicamente hace, que deguste y sienta,
    el divino néctar de la diosa y el estruendo potente de tormenta.

    Si… he probado el divino tinto que manchó
    gota a gota la puntita de tus pechos de perla
    al darle un tono a choco-miel de pureza de selva.
    La yema de mis dedos en caminata por veredas
    de táctil disfrute, escudriña tus urdimbres bejucales
    por criollísimas laderas, en tiempitos de gozos otoñales.

    Que al ritmo de tu caderamen sabroso
    ondulante y suave, chiquitamente muera.
    Y a viva voz declare, que buena, que bella
    la damita atrapada en su viaje presuroso
    de ave libre que eternamente vuela,
    a su deseo fantasioso de felina…
    Y con su gemir salvaje y suave, diga…
    persevera…persevera…

    Y hoy estoy como alpinista pensante
    a escalar, ansioso, sudoroso…a tu espera…
    Acercándome suavemente con un dulce cordial
    a mezclarlo con lo salado en ti, a tu manera…
    Que despierte en mi, al eterno caminante
    escalador de viejas verjas
    y al poeta de versos ondulantes.

    Y al admirar tus paisajes de montaña
    al arriesgarme a escalar con artimañas
    tus paredes de iglesias,
    pueda darte con hábil peripecia mi savia-ofrenda,
    y en la locura de intrépidos espasmos…
    venturosamente bajo tus encantos…desfallezca…
    Eduardo González
    Desde Puerto Rico
    Vendimia2010@live.com

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