lunes, 23 de julio de 2012

NIÑA


CENTÉSIMO DÉCIMO NOVENO POEMA 
















Siempre estuve seguro de tu existencia
y que tarde o temprano sabría más de ti.
Y ahora mientras la medianoche me come
y a media luz intento pensar.
No basta un océano de palabras para hacerte saber
Lo que significa comprender así de pronto,
que en algún lugar no tan lejano respira una parte de mí.

Son ya más de dos mil seiscientos días
sin tu llanto, sin tu sonrisa.
Más de dos mil seiscientas noches
privado de arroparte, de mecerte y de arrullarte.
De no leerte un cuento antes de ir a dormir.
De no velar tú sueño con una plegaria.

Sé que por ahora tu mundo es un mundo de curiosidades y juegos
Que duermes en nubes y tu corazón pequeño
no sabe de circunstancias y errores,
ni de las maniobras torcidas del destino.
Sé que quizá nunca sepas
que te he nombrado de mil maneras
y en mis noches de insomnio también te he dado forma.
Te he puesto las enormes pestañas de tu madre.
Unos ojos enormes y puros.
Esa nariz moldeada por destellos
y la boca dulce y tierna, adornada con una pícara y todavía
inocente sonrisa.

El tiempo es cruel y a veces justiciero,
tanto que mi corazón ha estado enroscado
aguardando mudo e impaciente por una noticia tuya.
Eres mi razón de existir.
Mi deseo. Mis entrañas.
Mi mayor necesidad.
Una promesa cumplida.
Y a pesar de que no estuve allí
Para guiar tus primeros pasos, escuchar tus primeras palabras,
ver nacer tus primeros dientes y volverme cómplice de tus constantes travesuras.
Añoro el momento en el que pueda besar tu frente y pellizcar tus mejillas.
Llevarte a la escuela y buscarte ropa a la medida

Frágil, tan linda.
Muñeca de carne y sueños
que desvaneces mis tristezas día con día.
Siendo tu, princesa mía
No me hace falta creer en fantasías.

Celebro
Que esta noche hasta la estrella más remota brilla,
la luna canta y un coro de ángeles errantes aplaude tu presencia
con júbilo y alegría.
Celebro
Que hay dicha en tus ojos
y quietud en mi alma.
Porque en tu sangre late mi sangre.
Ríe, princesa, en mi pálido crepúsculo y bendecido sea tu camino.
Porqué tú, niña mía
eres lo único bueno que he hecho en mi vida.

David Etnagevan
Desde México D.F., México.
d_etnagevan@hotmail.com

1 comentario:

  1. Toñi Giráldez (Sultana)1 de julio de 2012, 11:29

    Sí estos versos te los ha inspirado tu hija, no dudes que Dios, un día te recompensará con su presencia.

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